El mercado de carbono en México podría duplicar su tamaño hacia 2030, pasando de alrededor de 2.5 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente a cerca de 5 millones, impulsado por una mayor demanda local e internacional. El crecimiento dependerá de que el país establezca sus impuestos estatales, desarrolle plenamente su Sistema de Comercio de Emisiones (SCE) y abra nuevas vías para que los proyectos mexicanos vendan reducciones en mercados internacionales, según Eduardo Piqueiro, director de la plataforma MÉXICO2. La emisión de créditos pasó de aproximadamente 1.5 millones de toneladas anuales a 2.5 millones el año pasado y podría alcanzar unos 3.5 millones al cierre de 2026. Tras situarse entre 14 y 16 dólares por tonelada el año pasado, los créditos mexicanos se negocian actualmente entre 13 y 15 dólares, ante una mayor oferta y una demanda estable. Piqueiro anticipa que el precio oscile alrededor de 15 dólares en los próximos años y luego se acerque a 20 dólares. Identifica tres segmentos: compras voluntarias de empresas estadounidenses, pago de impuestos ambientales y venta de reducciones a otros países bajo mecanismos del Acuerdo de París. Uno de los obstáculos es la regulación estatal: 14 estados tienen impuestos al carbono, pero solo Querétaro y Colima permiten usar créditos para cubrir esas obligaciones, con diferencias de precios que van desde 45 pesos en Guanajuato hasta 600 pesos en Querétaro. Armonizar estos mecanismos será clave para dar certidumbre a empresas e inversionistas. El SCE federal, previsto en la Ley General de Cambio Climático y aún en fase piloto, deberá convivir con los impuestos locales y generar señales de precio claras. La evolución regulatoria está influyendo en decisiones corporativas, ya que empresas exportadoras mexicanas reciben solicitudes de información sobre emisiones de sus clientes en EUA y inversionistas institucionales exigen transparencia climática. Durante el Mexico Carbon Forum se observó mayor interés de fondos de venture capital mexicanos en oportunidades de carbono. Piqueiro señala una oportunidad en la captura y reducción de metano proveniente de residuos orgánicos, así como en eficiencia energética y proyectos industriales capaces de generar créditos verificables. El SCE contempla un mercado potencial de alrededor de 20 millones de toneladas, aunque desarrollar suficientes proyectos para abastecerlo tomaría varios años.